Qué sabrás tú, dime,
de cuchillos que se clavan
en el pecho
cada atardecer
y que retuercen
cualquier mínimo
abismo de esperanza.
Qué sabrás tú, dime,
del dolor de una despedida
que nunca fue.
De los besos no dados
de los abrazos
que abrieron
surcos de luz en su pecho.
Qué sabrás tú, dime,
de la soledad del alma
del vacío eterno,
de soñar su nombre.
De las tardes tristes
de los tristes hombres
del sabor metálico de la nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario