Eras tú la vida
que asomaba desde la ventana
entrando a raudales,
y sin dejar rastro
ni a la desesperación
ni al hastío que viajaba
veloz y sin frenos
por mi vida.
Quise atraparte,
abrazarte,
cogerte,
sentir que no marcharías.
Pero eres como el viento,
que no puede parar quieto,
que se disfraza de sombras
para no ser atrapado.
Pero por mucho que vistas
de negro,
serás siempre
luz en mi vida.