domingo, 21 de diciembre de 2008

Butacas Vacías

Ayer, falté a una cita.
Ayer, en el Palacio de Congresos de Madrid, había dos butacas vacías y algún que otro corazón soñando con estar allí. Muchos de ustedes pensarán que debí vender aquellas entradas, regalarlas, cualquier cosa antes de dejarlas vacías.
Y quizás tengan razón. Pero la razón no entiende de sentimientos del corazón, y ayer por la noche, en aquel Palacio de Congresos, muy lejos de Zaragoza, mandaba mucho más el corazón. Y en aquellas butacas hubo tantos sentimientos como no puedan imaginar.
Espero encontrar pronto de nuevo a quien llevar a un concierto, a quien dejar convencer, espero también que otros encuentren la forma de seguir escuchando su música, viendo sus conciertos, sin sentirse mal, sólo cerrando los ojos y dejándose llevar.
Gracias siempre Ismael por tu música en mi vida, gracias a Rodolfo por sus poemas de los lunes, por el abrazo que me hubiera gustado darle ayer, gracias a todos ustedes por sus crónicas del concierto, que espero no tarden en llegar.
Gracias en definitiva a todos, por estar, por hacerme sonreír, por hacerme un poquito más féliz.
Gracias.


viernes, 19 de diciembre de 2008

Bergia en La Campana


Ayer por la noche tuve la inmensa suerte de reencontrarme con Javier Bergia en La Campana de Los Pérdidos, en Zaragoza.
Impresionante como siempre, gracias a sus canciones y sus historias que me reconcilian con el mundo y dan paso a momentos de paz, que gran falta nos hacen.
Esta noche de nuevo, a las 22.30, para todo aquel que se quiera acercar, buscando un bálsamo para el alma

domingo, 14 de diciembre de 2008

A mi abuela

Nadie le hizo caso cuando aquel 28 de noviembre sus huesos chocaron contra el suelo y dijo: "Esto es la muerte, que viene a buscarme". Pero ella supo que era el principio del fin.
A veces, cosas como estas ocurren en días especiales. El final todavía tardaría unos días en llegar, y quiero pensar que aquel 28 fue el final para ella, pero quizás el principio para otras personas. Creo que es la forma en que debo verlo, tal vez la única forma posible, para seguir adelante y ser capaz de sonreír. Pensar que tal vez este sea un nuevo principio. Y aunque sé que la voy a echar de menos, necesito creer que tal vez ella pueda ahora volver a ser féliz, completamente féliz, después de mucho tiempo... Nunca he tenido una gran fé, pero quiero creer que el abuelo hace ya mucho que la esperaba, y ahora ha llegado su momento, el de los dos. Tal vez incluso haya podido abrazar a la madre a la que jamás conoció. Sé que no quería morir, pero también sé que no quería vivir así. En el hospital me dijo que tenía miedo a la muerte, que qué iba a hacer sin nosotros... Yo tampoco sé que voy a hacer sin ella, que no sólo fue abuela, sino también madre y amiga...


A MI ABUELA GENE


Tenías 89 años intensamente vividos,
un cuerpo roto y cansado
cubierto de piel de seda,
huesos desquebrajados y tristes,
y recuerdos de una guerra inútil
en la que el soldado Antonio
te escribía versos y acariaba su guitarra
en medio de las trincheras.
Nunca entendió bien aquello de la guerra.
Tenías los ojos pequeños
y ciegos de tanto de llorar.
El corazón enfermo de tanto dar.
Y todos los dolores de una vida
que la morfina no lograba mitigar.
Nos regalaste tu vida sin pedir nada más
que caricias y abrazos
que no siempre te supimos dar.
Te fuiste despacio y sin ruido,
buscando las alas de ángel
que perdiste al nacer.
Que te devuelven hoy.


20 de mayo, 1919
9 de diciembre, 2008

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Brindemos por días mejores....



Hoy, como siempre, el teléfono no sonó.
El frío se me caló hasta en el alma, tú no llamabas.
Nadie lo hacía, ya da igual.
Y yo viviendo en medio de esta soledad.
Este domingo lloré, hace tiempo que no lo hacía.
Pero las lágrimas no llenan los huecos del vacío,
y la ciudad parece dispuesta a axfisiarme.
Anochece cada día un poco más tarde,
y yo me siento un poco más perdida.
A veces me da por pensar,
y pienso en cinco razones para sonreír,
las encuentro, me las repito... y sigo triste...
No sé que me ocurre en estos días,
no dejo de recordar a viejos amigos,
antiguos amantes,
planeo cenas con ellos, sonrisas y algo de amistad...
pero nunca llamas, en verdad,
ya nadie lo hace.
Y me siento ridícula al saberme
sola, al recordar aquellos tiempos.

Llevo tiempo sin querer pensar,
huyendo de todo lo que siento.
Si no me da por pensar,
a veces creo que todo pasará.
Los días se han vuelto grises y largos, muy largos,
necesito huír, siento que no puedo más.
Pero me falta el valor.
A veces planeo una huída, y parece real.
He descubierto que el negro, no me sienta tan mal.
Que los sueños son sólo sueños,
y que escribo esta historia
para huír de mi soledad, y saberme un poco menos sola.
En el camino he encontrado algunos amigos,
otros me abandonaron,
lastima que estén lejos para irnos de cañas esta noche,
el cuerpo me lo pide, necesito emborracharme,
ser un poquito más cruel, menos buena gente,
reirme un poco más y pensar un poco menos...
Ah, y una buena hostia, no me vendría nada mal.


viernes, 21 de noviembre de 2008

Si vivieramos juntos...



... Hoy llevo todo el día pensando
en estas tres semanas en las que no te veo.
pensando en cómo te echo de menos
cuando llega la noche y no te encuentro...

... Y puestos a pensar, pienso a lo grande,
como sería si viviéramos juntos en nuestro pequeño mundo,
sólos, sin nadie a nuestro alrededor, sólos, tú y yo,
encerrados junto a mil y una caricias...

... Esta noche yo haría la cena, esperando tu regreso,
guisaría cintas de pasta, de esas que llegan al cielo al volar,
bañadas con crema de queso, suave como tu piel,
con el aroma de mi amor, y unas gotitas de miel, dulce como tus ojos.

... Llenaría el pasillo de casa de aromas y de velas encendidas,
un poema de algún buen amigo colgado en la pared, ¿me permite, Rodolfo?
música suave y pausada, pausada como mi espera, que nunca termina.
Derramaría vino en mi vientre, tú bebieras de él, yo de ti...

... En la cocina, el aroma del amor recien cocinado te empararía al entrar,
tu llegarías tarde y cansado, y en mí verías tu luz.
Yo llevaría puesta esa camiseta de gasa que hoy compré para tí
No dejarías que la llevase puesta más de un minuto, la cena; después...




Y si los sueños no se cumplen, al menos que no nos abandonen, que no dejen nunca de abrazar nuestra piel. Por los sueños rotos, pero también, por qué no, por los que quedan por cumplir.






martes, 18 de noviembre de 2008

Quiero Ser


Quiero ser la mariposa
que se posa en tu mejilla
y acaricia tu mirada.
Quiero ser la caricia
que se pierde en tu cuerpo
y que hoy extrañas.
Quiero ser el mar donde te bañas,
playa donde naufragar,
pétalo de flor en calma.
Quiero ser el reflejo de tu sonrisa
bombones de chocolate,
un dulce para tu alma.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Huída


No sé si a ustedes también les sucederá, el caso es que hoy es uno de esos días que mi mente, y también mi cuerpo, me piden huír. Y supongo que ésta es la única forma que tengo de hacerlo. Huír del trabajo, de los tedios de cada día, del soñar sueños imposibles para intentar hacerlos realidad de una vez por todas.

Y aunque cuando despierto me encuentro en el mismo lugar de cada día, supongo que cada vez se imagina todo un poco más cerca. Ese poder despertar una mañana a su lado, un paseo en las tardes de otoño, un cambio de trabajo, un bombón de chocolate, un buen poema, su sonrisa...

Pero al final, son cosas que todavía no han llegado, como tampoco lo ha hecho mi huída, como tampoco lo hará el 20 de diciembre.

El caso es que a una le queda el derecho a imaginar un mundo mejor en el que encontrarse en este momento. Mejor acompañada, eso sí.

Y puestos a huír, me voy a pasear por el mar, a ver un atardecer, sin prisas, sin miedos, sin los agobios de todos los días, soñando mundos mejores...

Escapé hacía el azul del océano,

buscando una respuesta,

y escondido en una ola te encontré,

soñando con corales

y princesas que naufragan en tu mar.

Con corales que sonríen,

a estrellas fugaces que vuelan lejos.

Me miraste y me envolviste

mientras bañabas mi piel

siempre con tu dulce olor a sal,

y la arena tibia me secaba.

Lejos de allí, muy lejos,

la ciudad se deshacía por momentos,

sin límites ni esperanza.

Y yo te ofrecí mi mano,

Lejos, en nuestro mundo azul,

los sueños se cumplieron

y el mar me volvió a abrazar.