miércoles, 26 de noviembre de 2008
Brindemos por días mejores....
Hoy, como siempre, el teléfono no sonó.
El frío se me caló hasta en el alma, tú no llamabas.
Nadie lo hacía, ya da igual.
Y yo viviendo en medio de esta soledad.
Este domingo lloré, hace tiempo que no lo hacía.
Pero las lágrimas no llenan los huecos del vacío,
y la ciudad parece dispuesta a axfisiarme.
Anochece cada día un poco más tarde,
y yo me siento un poco más perdida.
A veces me da por pensar,
y pienso en cinco razones para sonreír,
las encuentro, me las repito... y sigo triste...
No sé que me ocurre en estos días,
no dejo de recordar a viejos amigos,
antiguos amantes,
planeo cenas con ellos, sonrisas y algo de amistad...
pero nunca llamas, en verdad,
ya nadie lo hace.
Y me siento ridícula al saberme
sola, al recordar aquellos tiempos.
Llevo tiempo sin querer pensar,
huyendo de todo lo que siento.
Si no me da por pensar,
a veces creo que todo pasará.
Los días se han vuelto grises y largos, muy largos,
necesito huír, siento que no puedo más.
Pero me falta el valor.
A veces planeo una huída, y parece real.
He descubierto que el negro, no me sienta tan mal.
Que los sueños son sólo sueños,
y que escribo esta historia
para huír de mi soledad, y saberme un poco menos sola.
En el camino he encontrado algunos amigos,
otros me abandonaron,
lastima que estén lejos para irnos de cañas esta noche,
el cuerpo me lo pide, necesito emborracharme,
ser un poquito más cruel, menos buena gente,
reirme un poco más y pensar un poco menos...
Ah, y una buena hostia, no me vendría nada mal.
viernes, 21 de noviembre de 2008
Si vivieramos juntos...
... Hoy llevo todo el día pensando
en estas tres semanas en las que no te veo.
pensando en cómo te echo de menos
cuando llega la noche y no te encuentro...
... Y puestos a pensar, pienso a lo grande,
como sería si viviéramos juntos en nuestro pequeño mundo,
sólos, sin nadie a nuestro alrededor, sólos, tú y yo,
encerrados junto a mil y una caricias...
... Esta noche yo haría la cena, esperando tu regreso,
guisaría cintas de pasta, de esas que llegan al cielo al volar,
bañadas con crema de queso, suave como tu piel,
con el aroma de mi amor, y unas gotitas de miel, dulce como tus ojos.
... Llenaría el pasillo de casa de aromas y de velas encendidas,
un poema de algún buen amigo colgado en la pared, ¿me permite, Rodolfo?
música suave y pausada, pausada como mi espera, que nunca termina.
Derramaría vino en mi vientre, tú bebieras de él, yo de ti...
... En la cocina, el aroma del amor recien cocinado te empararía al entrar,
tu llegarías tarde y cansado, y en mí verías tu luz.
Yo llevaría puesta esa camiseta de gasa que hoy compré para tí
No dejarías que la llevase puesta más de un minuto, la cena; después...
Y si los sueños no se cumplen, al menos que no nos abandonen, que no dejen nunca de abrazar nuestra piel. Por los sueños rotos, pero también, por qué no, por los que quedan por cumplir.
martes, 18 de noviembre de 2008
Quiero Ser
miércoles, 12 de noviembre de 2008
Huída

No sé si a ustedes también les sucederá, el caso es que hoy es uno de esos días que mi mente, y también mi cuerpo, me piden huír. Y supongo que ésta es la única forma que tengo de hacerlo. Huír del trabajo, de los tedios de cada día, del soñar sueños imposibles para intentar hacerlos realidad de una vez por todas.
Y aunque cuando despierto me encuentro en el mismo lugar de cada día, supongo que cada vez se imagina todo un poco más cerca. Ese poder despertar una mañana a su lado, un paseo en las tardes de otoño, un cambio de trabajo, un bombón de chocolate, un buen poema, su sonrisa...
Pero al final, son cosas que todavía no han llegado, como tampoco lo ha hecho mi huída, como tampoco lo hará el 20 de diciembre.
El caso es que a una le queda el derecho a imaginar un mundo mejor en el que encontrarse en este momento. Mejor acompañada, eso sí.
Y puestos a huír, me voy a pasear por el mar, a ver un atardecer, sin prisas, sin miedos, sin los agobios de todos los días, soñando mundos mejores...
Escapé hacía el azul del océano,
buscando una respuesta,
y escondido en una ola te encontré,
soñando con corales
y princesas que naufragan en tu mar.
Con corales que sonríen,
a estrellas fugaces que vuelan lejos.
Me miraste y me envolviste
mientras bañabas mi piel
siempre con tu dulce olor a sal,
y la arena tibia me secaba.
Lejos de allí, muy lejos,
la ciudad se deshacía por momentos,
sin límites ni esperanza.
Y yo te ofrecí mi mano,
Lejos, en nuestro mundo azul,
los sueños se cumplieron
y el mar me volvió a abrazar.