Sigue adelante,
y todavía, a veces,
lo hace con ganas.
Pero a veces,
a días, de repente,
cuesta respirar.
Otros días todo
parece más fácil.
Pero ese vacío,
constante y frío
en el pecho,
ese no se marcha nunca.
Mira su móvil,
ya nunca hay noticias,
pero siempre
lo espera.
Un día de estos,
se dice
le escribo
y propongo
una huida juntos,
tan solo un ratito.
Pero él parece
haberla olvidado
y ella,
ella,
por algún motivo
no consigue hacerlo.
Mira el sol a lo lejos,
pero los sueños
se han ido,
han volado lejos.
Y se enturbian
sus ojos
y el pecho
se rompe
y grita
pero nadie escucha,
ni siquiera ella.
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